versiones y traducciones
Los libros deuterocanónicos: qué son y por qué se incluyen
Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc. Por qué están en la Biblia católica pero no en la protestante.
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Qué son los libros deuterocanónicos
Los deuterocanónicos son siete libros del Antiguo Testamento presentes en la Biblia católica y ortodoxa, pero ausentes de la protestante: Tobías, Judit, 1 Macabeos, 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (o Sirácides) y Baruc. A ellos se suman fragmentos añadidos a los libros de Daniel (la oración de Azarías, el cántico de los tres jóvenes, Susana y Bel y el Dragón) y a Ester.
El nombre significa «del segundo canon»: no apunta a una inferioridad de contenido, sino al hecho de que su entrada en el canon fue posterior y debatida. La Iglesia católica los tiene por plenamente inspirados; las iglesias protestantes los clasifican como apócrifos y los dejan fuera de las Escrituras.
La Septuaginta, origen del problema
Para entender el debate hay que remontarse a la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento realizada en Alejandría entre los siglos III y II a.C. para los judíos de habla griega de la diáspora. Esa versión incluía los deuterocanónicos junto al resto de libros.
Cuando el cristianismo se extendió por el mundo grecorromano, la Septuaginta fue su Biblia de referencia: la mayoría de las citas del Antiguo Testamento que aparecen en el Nuevo proceden de ella. Las primeras comunidades cristianas heredaron, por tanto, un canon amplio que incluía estos siete libros.
El canon hebreo, en cambio, se consolidó en torno al siglo I sobre los textos conservados en hebreo, y dejó fuera los que circulaban solo en griego o cuya versión hebrea original se había perdido. De esa divergencia entre la Biblia griega de los cristianos y la Biblia hebrea de los judíos nace toda la cuestión.
Los siete libros, uno por uno
Tobías
Tobías narra la historia de un judío piadoso desterrado en Nínive y de su hijo, guiado en un viaje por el ángel Rafael. Es un relato edificante sobre la providencia, la oración y el matrimonio, con un tono casi novelesco. Se escribió probablemente hacia el siglo III o II a.C.
Judit
Judit cuenta cómo una viuda valiente salva a su pueblo decapitando al general enemigo Holofernes. Es un relato de resistencia, con fuerte carga simbólica más que histórica, que exalta la fidelidad a Dios frente al invasor. Su figura ha inspirado a la pintura occidental durante siglos.
1 Macabeos
1 Macabeos relata la rebelión de la familia de los Macabeos contra la helenización forzada impuesta por Antíoco IV Epífanes en el siglo II a.C. Es una fuente histórica de primer orden para ese periodo y explica el origen de la fiesta de la Janucá.
2 Macabeos
2 Macabeos no es continuación del primero, sino otro relato del mismo periodo, con tono más teológico. Contiene el célebre pasaje de la oración por los muertos (12:43-46), uno de los apoyos de la doctrina del purgatorio, y afirma con claridad la resurrección de los justos.
Sabiduría
El libro de la Sabiduría, atribuido salomónicamente pero escrito en griego hacia el siglo I a.C., reflexiona sobre la justicia, la inmortalidad del alma y la sabiduría divina. Algunos de sus pasajes sobre el justo perseguido se han leído en clave mesiánica.
Eclesiástico
El Eclesiástico, también llamado Sirácides, es un extenso libro sapiencial escrito por Jesús ben Sirá hacia el 180 a.C. Recoge consejos morales, prácticos y religiosos para la vida cotidiana, en la línea de Proverbios. No debe confundirse con el Eclesiastés, que sí está en todos los canon.
Baruc
Baruc, presentado como obra del secretario del profeta Jeremías, reúne oraciones de confesión, una reflexión sapiencial y un mensaje de consuelo para los desterrados. Suele incluir la llamada Carta de Jeremías como capítulo final.
El Concilio de Trento: la definición católica
Durante la Edad Media el estatuto de estos libros no estaba del todo cerrado. Jerónimo, traductor de la Vulgata en el siglo IV, ya había distinguido entre los libros del canon hebreo y los demás, que llamó «eclesiásticos». La cuestión se mantuvo en cierta ambigüedad práctica durante siglos.
La Reforma la forzó a resolverse. Lutero, al traducir la Biblia, agrupó estos libros en una sección aparte, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, con la nota de que eran útiles para leer pero no equiparables a la Escritura. La respuesta católica fue solemne: el Concilio de Trento, en su sesión cuarta de 1546, declaró canónicos «con todas sus partes» los libros de la Vulgata, incluidos los deuterocanónicos, bajo anatema para quien lo negara. Quedó así fijado el canon católico de 46 libros en el Antiguo Testamento.
Por qué los reformadores los excluyeron
Los reformadores adoptaron el principio de volver al canon hebreo. Su razonamiento tenía varios puntos: estos libros faltaban en la Biblia de los judíos, no aparecían citados como Escritura en el Nuevo Testamento del mismo modo que los demás, y algunos contenían pasajes —como el de 2 Macabeos sobre los difuntos— que sostenían doctrinas que la Reforma rechazaba.
De ahí la diferencia que persiste hoy: la Biblia protestante tiene 39 libros en el Antiguo Testamento y la católica 46. El Nuevo Testamento, en cambio, es idéntico en ambas tradiciones, con sus 27 libros. La discusión se limita por completo al Antiguo.
| Antiguo Testamento | Nuevo Testamento | Total | |
|---|---|---|---|
| Canon protestante | 39 | 27 | 66 |
| Canon católico | 46 | 27 | 73 |
Quien quiera leer estos textos los encontrará en cualquier Biblia con el canon de 73 libros: puedes descargar la Biblia Católica en PDF —que los incluye todos, con introducciones y notas—, la Biblia Latinoamericana o la Biblia de Jerusalén si prefieres el aparato académico. También puedes consultarlos libro a libro en la sección de todos los libros de la Biblia.