historia
Los reyes de Israel y Judá: cronología completa
Saúl, David, Salomón, y después la división. Todos los reyes del norte y del sur en orden cronológico, con años de reinado y referencia bíblica.
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De la monarquía unida a los dos reinos
La historia de los reyes de Israel arranca con un único reino. El profeta Samuel unge a Saúl como primer monarca; le suceden David y Salomón, bajo cuyos reinados Israel alcanza su máxima extensión y construye el Templo de Jerusalén. A la muerte de Salomón, el reino se parte en dos y ya no volverá a unirse. Desde ese momento corren en paralelo dos cronologías: la del reino del norte, Israel, y la del sur, Judá.
Estos relatos no son solo crónica política. Los libros de Samuel, Reyes y Crónicas juzgan a cada monarca por una vara religiosa —su fidelidad o infidelidad al culto de Yahvé—, lo que convierte la historia de la monarquía en una lectura teológica del auge y la caída de un pueblo.
Los tres primeros reyes
Saúl
Ungido por Samuel, Saúl fue el primer rey de un Israel unido. Su reinado se narra en 1 Samuel 9-31. Empezó con buen pie, pero su desobediencia repetida provocó su rechazo divino y terminó con su muerte en combate contra los filisteos, en el monte Gilboa.
David
Pastor de Belén convertido en rey, David sucedió a Saúl y unificó las tribus. Su reinado, en 2 Samuel, destaca por la conquista de Jerusalén, que convirtió en capital, y por su vínculo con los Salmos. La tradición lo presenta como el rey «conforme al corazón de Dios», aunque el relato no oculta sus faltas graves.
Salomón
Hijo de David, Salomón es recordado por su sabiduría y por construir el Templo (1 Reyes 1-11). Su reinado fue próspero pero costoso: las cargas impuestas al pueblo y sus alianzas matrimoniales con cultos extranjeros sembraron el descontento que estallaría a su muerte.
La división del reino
A la muerte de Salomón, su hijo Roboam rechazó aligerar las cargas. Las diez tribus del norte se separaron y proclamaron rey a Jeroboam (1 Reyes 12:1-24).
- Reino de Israel (norte): diez tribus, con capital finalmente en Samaria, gobernado por Jeroboam y sus sucesores.
- Reino de Judá (sur): las tribus de Judá y Benjamín, con capital en Jerusalén, fiel a la dinastía de David.
Reyes del norte
Israel encadenó dinastías inestables, marcadas por golpes y por la idolatría. Algunos nombres clave:
- Jeroboam I, que instauró un culto alternativo para no depender de Jerusalén (1 Reyes 12:25-33).
- Acab, célebre por su matrimonio con Jezabel y la introducción del culto a Baal (1 Reyes 16:29-34).
- Jehú, que erradicó violentamente ese culto (2 Reyes 9-10).
Reyes del sur
Judá fue más estable, gracias a la continuidad davídica, pero no se libró de crisis. Reyes destacados:
- Asá, que emprendió reformas religiosas (1 Reyes 15:9-24).
- Josafat, conocido por su alianza con el reino del norte (1 Reyes 22:41-50).
- Ezequías, elogiado por su fidelidad y su resistencia a Asiria (2 Reyes 18-20).
Tabla de reyes principales
| Reino | Rey | Periodo aproximado | Referencia |
|---|---|---|---|
| Israel | Jeroboam I | 931-910 a.C. | 1 Reyes 12:25-33 |
| Israel | Acab | 874-853 a.C. | 1 Reyes 16:29-34 |
| Judá | Roboam | 931-913 a.C. | 1 Reyes 12:1-24 |
| Judá | Josías | 640-609 a.C. | 2 Reyes 22-23 |
Las dos grandes crisis
La idolatría y las reformas
La infidelidad al culto de Yahvé es el reproche constante de los libros de Reyes, sobre todo hacia el norte. Frente a esa deriva surgen los reyes reformadores del sur. Josías es el caso paradigmático: el hallazgo del «libro de la Ley» en el Templo desencadenó una purga de cultos extranjeros y una restauración del culto a Yahvé (2 Reyes 22:1-23:30).
Los imperios vecinos
Ambos reinos vivieron presionados por las grandes potencias. Israel cayó ante Asiria en el 722 a.C., y sus habitantes fueron deportados. Judá resistió más tiempo —Ezequías sobrevivió al asedio asirio (2 Reyes 18:13-19:37)—, pero acabó sucumbiendo ante Babilonia en el 586 a.C., con la destrucción de Jerusalén y el Templo y el inicio del exilio.
Qué nos cuenta esta cronología
El relato de los reyes es la columna histórica que sostiene buena parte del Antiguo Testamento. Sin él no se entienden los profetas, que hablaron precisamente a estos monarcas y a su pueblo, ni el trauma del exilio, que reordenó la fe de Israel. La caída de los dos reinos no se presenta como un simple desastre militar, sino como la consecuencia de una larga infidelidad anunciada por los profetas.
Reyes frente a Crónicas: dos miradas
Conviene saber que la monarquía se narra dos veces, con enfoques distintos. Los libros de Samuel y Reyes la cuentan desde la perspectiva del exilio: explican por qué el desastre era merecido, sin ocultar las faltas de David ni las de sus sucesores. Los libros de Crónicas, escritos después del regreso, recorren el mismo periodo pero centrados en Judá y en el Templo, con un tono más positivo hacia la dinastía davídica y menos interés por el reino del norte.
No son relatos contradictorios, sino complementarios: responden a preguntas diferentes. Reyes pregunta «¿por qué cayó el pueblo?»; Crónicas, «¿qué identidad recuperar tras el exilio?». Leerlos en paralelo enriquece la comprensión de cada monarca.
La sombra de la dinastía davídica
Un hilo recorre toda la cronología del sur: la promesa hecha a David de que su descendencia reinaría de forma duradera (2 Samuel 7). Por eso Judá mantiene una sola línea dinástica durante siglos, mientras el norte encadena golpes y usurpaciones. Cuando Jerusalén cae y la monarquía desaparece, esa promesa queda en suspenso, y los profetas empiezan a proyectarla hacia un rey futuro. De ahí arranca, en buena medida, la expectativa mesiánica que el cristianismo verá cumplida en Jesús, presentado en los evangelios como «hijo de David».
Para situar a cada rey en su libro y comprobar las referencias, puedes recorrer todos los libros de la Biblia, revisar los personajes bíblicos implicados o leer los pasajes en la Reina-Valera 1960.