historia
El canon bíblico: cómo se formó la Biblia que conocemos
Proceso histórico de formación del canon del AT y NT, los concilios clave (Cartago, Hipona, Trento) y los debates que aún persisten.
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Qué significa “canon”
La palabra canon viene del griego kanon, “caña de medir” o “regla”. Aplicado a la Biblia, designa la lista de libros que una comunidad reconoce como Escritura inspirada y autoritativa, es decir, como norma de fe. El canon cristiano comprende el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero su extensión varía: el Nuevo es idéntico en todas las tradiciones (27 libros), mientras que el Antiguo cuenta con 39 libros en las Biblias protestantes y 46 en la católica.
Entender este proceso ayuda a captar por qué existen distintas versiones de la Biblia y por qué un católico y un protestante pueden tener ejemplares con un número diferente de libros. No fue una decisión arbitraria, sino el resultado de siglos de uso, discernimiento y debate.
La formación del canon del Antiguo Testamento
El canon hebreo
La comunidad judía fijó su Escritura en lo que llama Tanaj, un acrónimo de sus tres secciones: la Torá (Ley), los Nevi’im (Profetas) y los Ketuvim (Escritos). El recuento tradicional judío es de 24 libros, que equivalen a los 39 del Antiguo Testamento protestante (la diferencia es solo de agrupación). Estos textos se consideraban sagrados mucho antes de cualquier decisión formal; el llamado “concilio de Jamnia” (hacia el 90 d.C.) más que crear el canon, confirmó un consenso ya establecido.
La Septuaginta
Entre los siglos III y II a.C., la comunidad judía de Alejandría tradujo el Antiguo Testamento al griego: la Septuaginta. Esta versión incluía libros que no estaban en el canon hebreo, los llamados deuterocanónicos. Como la iglesia primitiva era de habla griega, adoptó la Septuaginta como su Biblia, y con ella esos libros adicionales.
La formación del canon del Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento reúne 27 libros, y su reconocimiento fue más dinámico, porque circulaban muchos escritos cristianos —evangelios, cartas, apocalipsis— y había que distinguir los apostólicos de los demás.
Los criterios de selección
Las iglesias aplicaron tres criterios:
- Apostolicidad: vínculo con un apóstol o con su círculo cercano.
- Uso litúrgico: lectura habitual y extendida en el culto.
- Conformidad doctrinal: acuerdo con la regla de fe transmitida.
Bajo estos filtros, los cuatro evangelios y las cartas de Pablo se aceptaron pronto, mientras que Hebreos, Santiago, 2 Pedro o el Apocalipsis tardaron más en consolidarse por dudas sobre su autoría o su uso.
Los sínodos del siglo IV
Los sínodos de Hipona (393 d.C.) y Cartago (397 d.C.) ratificaron la lista de 27 libros que hoy conocemos. Es importante el matiz: estos concilios no inventaron el canon, sino que reconocieron oficialmente lo que las iglesias ya leían como Escritura.
Los debates entre tradiciones
La Reforma protestante
En el siglo XVI, Martín Lutero y los reformadores volvieron al canon hebreo más breve para el Antiguo Testamento y relegaron los deuterocanónicos a un apéndice o los excluyeron. De ahí nace la diferencia entre la Biblia protestante (39 libros en el AT) y la católica.
El Concilio de Trento
Como respuesta a la Reforma, el Concilio de Trento (1545-1563) definió de manera dogmática el canon católico, incluyendo expresamente los deuterocanónicos. Esta decisión cerró el debate dentro del catolicismo y consolidó la frontera entre ambas tradiciones.
Libros que generaron debate
| Libro | Motivo de debate | Aceptación |
|---|---|---|
| Hebreos | Autoría incierta | Católica y protestante |
| Apocalipsis | Interpretación compleja | Católica y protestante |
| Santiago | Énfasis en las obras | Católica y protestante |
| Tobías | Deuterocanónico | Solo católica y ortodoxa |
| 1 Macabeos | Deuterocanónico | Solo católica y ortodoxa |
Los escritos que quedaron fuera
Junto a los libros aceptados circularon en los primeros siglos decenas de escritos que ninguna tradición incorporó al canon. Conviene distinguirlos de los deuterocanónicos: estos últimos forman parte de la Biblia católica, mientras que los apócrifos —en sentido estricto— quedaron descartados por todas las iglesias.
Entre ellos figuran evangelios tardíos como el de Tomás, el de Pedro o el de Judas, muchos de orientación gnóstica, escritos en el siglo II o después, demasiado tarde para tener vínculo apostólico real. También se conservan hechos apócrifos de distintos apóstoles y apocalipsis no canónicos. La razón de su exclusión fue precisamente que fallaban en los criterios: o no tenían raíz apostólica, o contradecían la enseñanza recibida, o no se usaban en el culto de las iglesias. Su existencia, lejos de debilitar el canon, muestra que la selección respondió a criterios y no al azar.
La estabilidad del canon
Conviene subrayar un dato que a menudo se malinterpreta: el canon del Nuevo Testamento no fue una imposición tardía, sino el reconocimiento de un consenso ya formado. La primera lista que coincide exactamente con los 27 libros actuales es la carta festal de Atanasio de Alejandría del año 367 d.C., anterior a los sínodos de Hipona y Cartago. Es decir, cuando los concilios “decidieron”, en realidad confirmaron lo que las iglesias ya leían desde hacía generaciones.
Para seguir estudiando
- Profundiza en qué son los deuterocanónicos y en qué es la Septuaginta.
- Compara las tradiciones en diferencias entre la Biblia católica y protestante y averigua cuántos libros tiene la Biblia.
- Consulta los términos Tanaj y Torá.
- Y compruébalo en el texto: descarga la Reina-Valera 1960 en PDF con los 66 libros del canon protestante, o la Biblia Católica en PDF con los 73 del canon fijado en Trento.