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¿Qué es la Septuaginta? La primera traducción de la Biblia
La Septuaginta (LXX) fue la traducción griega del Antiguo Testamento realizada en el siglo III a.C. Historia, importancia y uso en el Nuevo Testamento.
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Qué es la Septuaginta
La Septuaginta es la traducción griega del Antiguo Testamento, iniciada en el siglo III a.C. en Alejandría. Conocida por la abreviatura LXX, fue la primera vez que las Escrituras hebreas se vertieron por completo a otra lengua, lo que las puso al alcance de la enorme comunidad judía de habla griega dispersa por el Mediterráneo. Su relevancia es doble: marca un hito en la historia de la traducción y se convierte, siglos después, en la Biblia de referencia del cristianismo naciente.
Pocos textos han tenido una influencia tan prolongada y tan poco reconocida. Buena parte de lo que el Nuevo Testamento dice del Antiguo lo dice a través de la Septuaginta.
El contexto: Alejandría y el judaísmo de habla griega
Para entender la Septuaginta hay que situarse en el mundo que la produjo. Tras las conquistas de Alejandro Magno, el griego koiné se impuso como lengua común del Mediterráneo oriental, desde Egipto hasta Mesopotamia. Alejandría, fundada por el propio Alejandro y convertida en capital cultural de los Ptolomeos, albergaba una de las mayores comunidades judías de la diáspora y la célebre Biblioteca, símbolo de la ambición intelectual de la época.
En ese entorno, generaciones enteras de judíos crecieron hablando griego y dejaron de manejar el hebreo con soltura. Las Escrituras de sus padres se les volvían, literalmente, ilegibles. La traducción no fue un capricho erudito: respondía a una necesidad religiosa concreta, la de un pueblo que quería seguir leyendo su texto sagrado en la única lengua que ya dominaba.
La leyenda de los setenta
El nombre Septuaginta procede de un relato antiguo que conviene conocer, aunque solo sea para medir cuánto de él es historia y cuánto leyenda. La fuente principal es la Carta de Aristeas, un escrito del siglo II a.C. que narra el origen de la traducción.
Según ese relato, el rey Ptolomeo II Filadelfo, deseoso de enriquecer la Biblioteca de Alejandría, solicitó al sumo sacerdote de Jerusalén una copia de la Ley judía y traductores capaces de verterla al griego. Se enviaron setenta y dos eruditos, seis de cada una de las doce tribus de Israel, que completaron la traducción del Pentateuco en setenta y dos días. El número, redondeado a setenta, dio nombre a la obra y a su sigla, LXX.
Autores posteriores adornaron la historia con detalles cada vez más prodigiosos. Filón de Alejandría llegó a afirmar que los traductores, trabajando por separado, produjeron versiones idénticas palabra por palabra, prueba supuesta de inspiración divina. La crítica moderna trata todo esto como lo que es: un relato legendario que sirvió para legitimar la traducción y revestirla de autoridad. La realidad histórica fue más modesta y más larga. La LXX no nació de golpe ni de un único equipo: el Pentateuco se tradujo primero, en el siglo III a.C., y el resto de los libros se fue añadiendo a lo largo de los dos siglos siguientes, con manos, criterios y calidades diversas.
La Septuaginta y los deuterocanónicos
Uno de los rasgos más decisivos de la Septuaginta es su extensión. Al traducir y reunir los libros sagrados, la LXX no se limitó a los textos que el judaísmo rabínico fijaría más tarde como canon. Incorporó además una serie de escritos compuestos o conservados en griego que no formaban parte del canon hebreo posterior: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico (o Sirácida), Baruc y los libros de los Macabeos, entre otros.
Estos son los libros que la tradición cristiana llamaría más tarde deuterocanónicos. Su presencia en la Septuaginta tuvo una consecuencia histórica enorme: como la Iglesia primitiva adoptó la LXX como su Antiguo Testamento, heredó también estos libros. Por eso la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas los reconocen como Escritura, mientras que la Reforma protestante, al regresar al texto hebreo como base, los dejó fuera de su canon. La fractura sobre el canon del Antiguo Testamento tiene aquí, en buena medida, su origen. Quien quiera comprender a fondo esta cuestión puede consultar el artículo dedicado a qué son los deuterocanónicos.
Características lingüísticas
La Septuaginta es una obra lingüísticamente rica y desigual. Está escrita en griego koiné, la lengua accesible y popular del mundo helenístico, lo que facilitó su difusión. Pero traducir el hebreo al griego planteó dificultades que la versión resolvió de maneras distintas según el libro y el traductor.
- Griego accesible. El koiné empleado era el de la calle, no un griego literario refinado, lo que la hacía comprensible para la mayoría.
- Términos sin equivalente. Algunos conceptos hebreos carecían de correspondencia exacta en griego; los traductores los adaptaron, los transcribieron fonéticamente o los reinterpretaron.
- Tensión entre fidelidad y estilo. En ciertos libros la traducción es muy literal, casi calcada del hebreo; en otros, más libre y cuidada en el estilo. Esa diversidad delata la pluralidad de manos y épocas que intervinieron.
El resultado es un texto que, sin alcanzar la elegancia de la prosa griega clásica, transmite con notable fuerza el contenido, e incluso el ritmo poético, de los originales hebreos.
La Septuaginta en el Nuevo Testamento
El dato más significativo para la historia cristiana es este: la Septuaginta fue la Biblia de los primeros cristianos. Los autores del Nuevo Testamento escribían en griego y, al citar el Antiguo Testamento, recurrieron de forma mayoritaria a la LXX, no al hebreo. Buena parte de las citas veterotestamentarias del Nuevo Testamento siguen el texto de la Septuaginta, a veces con diferencias respecto al texto hebreo que después fijarían los masoretas.
Un ejemplo claro aparece en Hebreos 1:6, que cita Deuteronomio 32:43 en una forma presente en la Septuaginta pero no en el texto masorético. Casos así muestran cómo las diferencias entre las dos tradiciones textuales llegaron a condicionar la propia argumentación teológica del Nuevo Testamento.
| Versículo del NT | Cita | Fuente |
|---|---|---|
| Hebreos 1:6 | Deuteronomio 32:43 | Septuaginta (lectura ausente en el texto masorético) |
Por qué la Septuaginta sigue importando
Más allá de su valor histórico, la Septuaginta conserva una utilidad de primer orden para el estudio del Antiguo Testamento. En no pocos pasajes refleja un texto hebreo más antiguo que el masorético, fijado siglos después, lo que la convierte en una pieza clave de la crítica textual: permite reconstruir lecturas que el hebreo conservado ya no transmite.
También es una ventana al judaísmo helenístico y al modo en que aquella comunidad entendió e interpretó sus Escrituras al verterlas a otra lengua y otra cultura. La Septuaginta es, en este sentido, mucho más que una traducción: es un puente entre el mundo hebreo y el griego, entre el judaísmo y el cristianismo primitivo, cuya influencia llega hasta los debates actuales sobre el canon bíblico.
Para seguir estudiando estos temas, puedes consultar la Reina-Valera 1960 en PDF, recorrer todos los libros de la Biblia o apoyarte en las herramientas bíblicas del sitio.