Doctrina o práctica
Diezmo
Décima parte de los ingresos dedicada a Dios (Génesis 14, Malaquías 3).
Forma original
מַעֲשֵׂר / δεκάτη
maaser (hebreo) / dekate (griego)
Strong
H4643 / G1181
En el AT
30×
En el NT
5×
También como
diezmos · diezmación
Definición rápida
El diezmo es la entrega a Dios de la décima parte de los ingresos, cosechas o ganados. En el Antiguo Testamento se establece como obligación dentro de la Ley mosaica para sostener a los levitas, el santuario y a los necesitados. El Nuevo Testamento no lo impone como mandato, pero recoge el principio de la generosidad y la mayordomía de los bienes.
Origen y etimología
El castellano «diezmo» viene del latín decima («la décima parte»), de decem («diez»). El término traduce el hebreo מַעֲשֵׂר (maaser), derivado de eser («diez»), que significa exactamente «una décima». En griego, el Nuevo Testamento emplea δεκάτη (dekate), «la décima», y el verbo apodekatoo, «pagar el diezmo» (Mateo 23:23; Lucas 18:12).
La práctica de entregar una décima parte a la divinidad no era exclusiva de Israel; existía en el antiguo Cercano Oriente como tributo a templos y reyes. En la Biblia, sin embargo, el diezmo adquiere un sentido teológico propio: reconoce que la tierra y sus frutos pertenecen a Dios y que el ser humano administra lo que ha recibido.
En el Antiguo Testamento
El primer diezmo bíblico es anterior a la Ley. Tras derrotar a los reyes, Abram entrega a Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo, «el diezmo de todo» (Génesis 14:20). Jacob, en Betel, promete a Dios «el diezmo apartaré para ti» de todo lo que reciba (Génesis 28:22). En ambos casos el gesto es espontáneo y precede a cualquier mandato legal.
Con la Ley, el diezmo se institucionaliza. Levítico 27:30 declara: «el diezmo de la tierra… de Jehová es; es cosa consagrada a Jehová». Números 18:21-24 lo destina al sostén de los levitas, que no recibieron heredad territorial. Deuteronomio añade matices: un diezmo se consume en una comida festiva «delante de Jehová» (Deuteronomio 14:22-27) y, cada tres años, un diezmo se reparte entre el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda (Deuteronomio 14:28-29). De ahí que la tradición judía discutiera si había uno, dos o tres diezmos distintos.
El texto más citado en la predicación moderna es Malaquías 3:10: «Traed todos los diezmos al alfolí… y probadme ahora en esto… si no os abriré las ventanas de los cielos». El profeta acusa al pueblo posexílico de robar a Dios al retener los diezmos, y promete bendición a quien sea fiel. El diezmo sostenía así el funcionamiento del Templo y de quienes servían en él.
En el Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento menciona el diezmo pocas veces y nunca lo impone a la comunidad cristiana. Jesús lo nombra al reprender a los fariseos: «diezmáis la menta, el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello» (Mateo 23:23). No anula la práctica, pero la subordina a lo esencial. En la parábola del fariseo y el publicano, el fariseo se jacta: «doy diezmos de todo lo que gano» (Lucas 18:12), ejemplo de religiosidad orgullosa.
Hebreos 7:1-10 retoma a Abraham y Melquisedec para un argumento teológico: como Abraham dio el diezmo a Melquisedec, y Leví estaba aún «en los lomos» de Abraham, el sacerdocio de Melquisedec —y por tanto el de Cristo— es superior al levítico. El diezmo se usa aquí como prueba, no como mandato.
Pablo, que organiza colectas para los pobres de Jerusalén (1 Corintios 16:1-2; 2 Corintios 8-9), jamás invoca el diezmo. Su criterio es otro: «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» (2 Corintios 9:7). El acento se traslada del porcentaje fijo a la generosidad libre y proporcionada.
Significado teológico
El diezmo expresa que todo procede de Dios y que devolverle una parte reconoce su señorío y provisión. Es, en su raíz, un acto de mayordomía: administrar los bienes recibidos con responsabilidad ante Dios. Las tradiciones difieren al aplicarlo hoy:
- Tradición católica: no exige un porcentaje fijo; sostiene el «sostenimiento de la Iglesia» como precepto, dejando la cantidad a la conciencia y posibilidad de cada fiel.
- Tradición protestante: muy diversa. Algunos grupos predican el 10% como principio bíblico vigente; otros lo entienden como pauta del Antiguo Pacto, sustituida por la ofrenda voluntaria del Nuevo Testamento. La libertad cristiana en el dar suele ser el eje.
- Tradición ortodoxa: el diezmo formal no es práctica común; se anima a la ofrenda generosa para la iglesia y la caridad.
Un punto de debate recurrente es si Malaquías 3:10 puede aplicarse directamente al creyente actual como promesa de prosperidad. Buena parte de la teología seria advierte contra leerlo como una fórmula automática de enriquecimiento.
Errores comunes
- Confundir diezmo con ofrenda. El diezmo es un porcentaje; la ofrenda es voluntaria y sin proporción fija.
- Usar Malaquías 3:10 como garantía de prosperidad material. El texto se dirige al Israel posexílico bajo el pacto mosaico; convertirlo en una mecánica de inversión financiera desvirtúa su sentido.
- Tratarlo como ley salvífica. Ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento el diezmo salva; es expresión de fe y gratitud, no mérito.
- Limitarlo a lo económico. La mayordomía bíblica abarca también tiempo, dones y capacidades, no solo el dinero.
- Olvidar la actitud del corazón. Dar sin gratitud ni justicia vacía el gesto, como advierte Jesús en Mateo 23:23.