«Y crió Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió.» (Génesis 1:27, RV1909)
Contexto histórico de Génesis 1:27
Génesis 1:27 se encuentra en el corazón del primer relato de la creación, que abarca desde Génesis 1:1 hasta 2:4a. La crítica literaria lo atribuye a la llamada fuente sacerdotal, una tradición de redacción sobria y ordenada que muchos biblistas vinculan al entorno del exilio babilónico y a la restauración posterior, en torno al siglo VI a.C. La tradición judía y cristiana, por su parte, ha atribuido el conjunto del Pentateuco a Moisés. Ambas perspectivas coinciden en lo esencial: el texto es una afirmación teológica de primer orden sobre el origen del mundo y del ser humano.
El relato está construido con una arquitectura cuidadosa. La creación se distribuye en seis días, marcados por fórmulas que se repiten como un estribillo: «dijo Dios», «y fue así», «y vio Dios que era bueno», «y fue la tarde y la mañana». Esa estructura no es casual. Los tres primeros días separan y ordenan los grandes ámbitos (luz y tinieblas, aguas y firmamento, mar y tierra); los tres siguientes los pueblan con sus correspondientes habitantes (astros, peces y aves, animales terrestres). Todo avanza con un ritmo solemne hacia un punto culminante.
Ese clímax es la creación del ser humano, en el sexto día. A diferencia del resto de las criaturas, que surgen por una orden divina dirigida a los elementos («produzca la tierra», «produzcan las aguas»), el ser humano nace de una deliberación singular: «Hagamos al hombre» (Gn 1:26). El versículo 27 recoge el resultado de esa decisión con un lenguaje denso y reiterativo. La humanidad no es una criatura más en la lista, sino la cima del orden creado, el ser al que Dios encomienda el cuidado de cuanto le precede.
Conviene situar este texto frente a las cosmovisiones de su entorno. En los grandes relatos del Próximo Oriente antiguo, como el poema babilónico Enuma Elish, los seres humanos suelen aparecer como esclavos de los dioses, creados para descargarlos del trabajo. Génesis invierte ese planteamiento: el ser humano no es siervo fatigado de divinidades caprichosas, sino imagen del único Dios y administrador responsable de la creación. Esa diferencia, lejos de ser un detalle, marca toda la antropología bíblica.
Qué significa Génesis 1:27 en pocas palabras
Génesis 1:27 afirma que Dios creó al ser humano «a su imagen». Esto no describe un parecido físico, sino una vocación: la persona representa a Dios dentro de la creación y está hecha para relacionarse con él. El versículo añade un dato decisivo: esa imagen incluye por igual a «varón y hembra». Hombre y mujer comparten la misma dignidad y la misma misión. De aquí brota la convicción bíblica de que toda vida humana posee un valor inviolable, anterior a cualquier mérito o condición.
”imagen de Dios” — el hebreo “tselem” y “demut”
El núcleo del versículo es la expresión «a imagen de Dios». El término hebreo traducido como «imagen» es tselem, una palabra que en otros contextos designa una estatua o representación, incluso la de un ídolo. El versículo anterior (Gn 1:26) había añadido un segundo término, demut, «semejanza». La pregunta clásica es si ambos vocablos señalan dos realidades distintas. La exégesis actual mayoritaria responde que no: funcionan como un par poético que se refuerza mutuamente. Demut matiza a tselem y evita que la imagen se entienda de forma material o idolátrica. No hay aquí una doctrina de dos dones separados, sino una sola idea expresada con dos palabras.
A lo largo de la historia se han propuesto tres grandes líneas de interpretación, que conviene conocer sin enfrentarlas de manera rígida.
Interpretación funcional o representativa
Es la lectura que mejor encaja con el trasfondo cultural del texto. En el Próximo Oriente antiguo, el rey era considerado «imagen» del dios: su representante visible, encargado de ejercer el gobierno en su nombre. También se erigían estatuas del soberano en territorios lejanos para hacer presente su autoridad. Génesis democratiza esa idea: no solo el rey, sino todo ser humano es imagen de Dios y recibe la encomienda de «señorear» sobre la creación (Gn 1:26-28). La imagen, en esta lectura, es ante todo una función: representar a Dios y administrar el mundo en su nombre.
Interpretación relacional
Otra línea subraya que la imagen consiste en la capacidad de entrar en relación: con Dios, con los demás seres humanos y con el resto de la creación. No es casual que el versículo culmine mencionando a «varón y hembra»: el ser humano es imagen de Dios precisamente en cuanto ser hecho para el encuentro y la comunión, no para el aislamiento.
Interpretación sustancial
La lectura más extendida en la tradición clásica identifica la imagen con ciertas cualidades propias del ser humano: la razón, la libertad, la conciencia moral o la capacidad espiritual. Esta interpretación tiene una larga historia, aunque hoy muchos biblistas la matizan, porque el texto hebreo no enumera esas facultades, sino que apunta sobre todo a una vocación y una relación.
Las tres lecturas no son excluyentes. La imagen de Dios puede entenderse como una vocación (representar a Dios), que se ejerce en la relación (con Dios y con los demás) y que supone ciertas capacidades propias de la persona.
”varón y hembra los crió”
El versículo no se detiene en afirmar que Dios creó al ser humano: precisa que lo creó «varón y hembra». La frase es el remate de un texto construido con paralelismo, el recurso poético característico de la Biblia hebrea. Las tres líneas del versículo avanzan en escalera: «al hombre á su imagen», «á imagen de Dios lo crió», «varón y hembra los crió». La repetición no es redundancia; insiste, enmarca y desemboca en esta última afirmación.
El dato es de gran calado. La imagen de Dios no se reserva a un sexo: pertenece por igual al varón y a la mujer. Ambos comparten la misma dignidad y la misma vocación de representar a Dios y cuidar la creación. En un mundo antiguo donde la mujer solía quedar en una posición subordinada, esta equiparación resultaba notable. El texto no establece jerarquías dentro de la imagen: hombre y mujer la portan en plenitud.
Conviene leer la frase en su propio registro. El versículo no pretende ofrecer un tratado sobre las relaciones entre los sexos ni resolver los debates de épocas posteriores; afirma, con sobriedad, que la humanidad creada a imagen de Dios existe como varón y hembra, y que en esa dualidad reside también su capacidad de fecundidad y comunión, desarrollada en el versículo siguiente.
Significado teológico
Génesis 1:27 es uno de los cimientos de la antropología bíblica y, con ella, de buena parte de la ética occidental. Si toda persona es imagen de Dios, su valor no depende de su fuerza, su inteligencia, su riqueza ni su utilidad. La dignidad humana es previa y radical: pertenece al ser humano por el hecho de existir.
El propio Génesis extrae consecuencias de esta verdad. Génesis 5:1-2 retoma casi literalmente la fórmula, recordando que Dios creó al hombre a su semejanza, «varón y hembra los creó». Más adelante, Génesis 9:6 funda la prohibición del homicidio en la imagen divina: «porque á imagen de Dios es hecho el hombre». Quitar una vida humana es atentar contra la representación misma de Dios en el mundo. La ética del respeto a la vida no se apoya, en la Biblia, en un cálculo de utilidad, sino en esta dignidad recibida.
El Nuevo Testamento prolonga la idea. La carta de Santiago reprocha la incoherencia de bendecir a Dios y maldecir a los hombres, «que son hechos á la semejanza de Dios» (Santiago 3:9): la imagen sigue siendo el motivo por el que ninguna persona puede ser despreciada. Y en una clave nueva, el Nuevo Testamento llama a Cristo «la imagen del Dios invisible» (Colosenses 1:15), abriendo una lectura cristológica de la creación. Sobre el fondo del Salmo 8 («¿qué es el hombre, para que tengas de él memoria?»), la imagen de Dios queda enmarcada entre la pequeñez de la criatura y la dignidad inmensa que Dios le confiere.
Aplicación práctica para hoy
El primer fruto de este versículo es una mirada distinta sobre las personas. Si cada ser humano es imagen de Dios, no hay vida descartable ni prescindible. Esto tiene consecuencias concretas en el trato cotidiano: en cómo hablamos de quienes nos resultan molestos o ajenos, en cómo tratamos a los más vulnerables, en el respeto que debemos incluso a quienes consideramos adversarios.
La dignidad que afirma Génesis 1:27 no se gana ni se pierde. No depende del rendimiento, del éxito ni de la aprobación de los demás. Esta convicción puede sostener a quien atraviesa el fracaso, la enfermedad o el desprecio: su valor permanece intacto porque no procede de sus circunstancias, sino de su origen.
El versículo invita, además, a tratar a los demás como portadores de esa misma imagen. Reconocer la dignidad del otro recorta el espacio del desprecio y de la instrumentalización. Y la mención de «varón y hembra» recuerda que esa dignidad es plenamente compartida, sin que una persona valga más que otra por su condición. Vivir desde esta verdad es, en buena medida, aprender a mirar a cada ser humano como Dios lo mira.
Errores comunes de interpretación
- Entender la imagen como un parecido físico. La fe de Israel rechazaba representar a Dios con imágenes; la «imagen» no puede referirse, por tanto, a un cuerpo semejante al de Dios, que es espíritu.
- Separar tajantemente “imagen” y “semejanza”. El texto hebreo usa ambos términos como un par poético. Construir sobre ellos dos dones independientes va más allá de lo que dice Génesis.
- Reducir la imagen a una sola facultad. Identificarla solo con la razón corre el riesgo de excluir, en la práctica, a quienes tienen capacidades diferentes. La imagen pertenece a todo ser humano.
- Leer “varón y hembra” como una jerarquía. El versículo equipara a ambos en dignidad; no establece superioridad de uno sobre otro.
- Usar el texto como arma en debates contemporáneos. Génesis 1:27 afirma la dignidad y la igualdad fundamentales del ser humano; forzarlo para zanjar polémicas modernas con brocha gorda traiciona su sobriedad y su propósito.
Versículos relacionados
- Génesis 1:26: «Hagamos al hombre á nuestra imagen»; introduce la deliberación divina y el par «imagen» y «semejanza».
- Génesis 5:1-2: retoma la fórmula de la creación a imagen de Dios y repite «varón y hembra los creó».
- Génesis 9:6: funda la prohibición del homicidio en que el hombre fue hecho a imagen de Dios.
- Salmos 8:4-6: medita sobre la pequeñez del hombre y la dignidad y el dominio que Dios le otorga.
- Colosenses 1:15: llama a Cristo «la imagen del Dios invisible», abriendo la lectura cristológica.
- Santiago 3:9: reprocha maldecir a quienes son hechos «á la semejanza de Dios».
Cómo memorizar el pasaje
Génesis 1:27 se presta a la memoria por su estructura repetida. Conviene fijarse en que avanza en tres pasos que riman entre sí: «á su imagen», «á imagen de Dios», «varón y hembra». Repite el versículo en voz alta marcando esas tres olas, como un eco que se intensifica. Asocia cada parte a una imagen mental sencilla: primero la persona, luego Dios reflejándose en ella, por fin la pareja humana. Escríbelo en una tarjeta y repásalo durante el día; al cabo de pocas repeticiones, el ritmo del paralelismo hará que el versículo se sostenga por sí solo.