Concepto teológico
Iglesia
Comunidad de los llamados por Dios; cuerpo de Cristo.
Forma original
ἐκκλησία
ekklesía
Strong
G1577
En el AT
0×
En el NT
114×
También como
congregación · asamblea
Definición rápida
La Iglesia es la comunidad de los llamados por Dios mediante el evangelio y unidos a Cristo. El Nuevo Testamento no la define con una fórmula única, sino con imágenes complementarias: cuerpo de Cristo, pueblo de Dios, templo del Espíritu, esposa de Cristo. No es en primer lugar un edificio ni una institución, sino las personas que, convocadas por Dios, se reúnen para adorar, crecer en la fe, servir y anunciar el mensaje de salvación.
Origen y etimología
El término griego del Nuevo Testamento es ἐκκλησία (ekklesía), formado sobre el verbo ἐκκαλέω (ek-kaleo), «llamar fuera», «convocar». En el mundo griego designaba la asamblea de ciudadanos convocados para deliberar sobre los asuntos de la polis; con ese sentido cívico aparece todavía en Hechos 19:39, referido a la asamblea de Éfeso. El cristianismo tomó el vocablo para nombrar a los convocados por Dios, subrayando que la iniciativa de la reunión no parte de los hombres, sino del llamamiento divino.
El castellano «iglesia» llega del latín ecclesia, simple adopción del griego, igual que el italiano chiesa o el francés église. Otras lenguas, en cambio, derivan su palabra de κυριακόν (kyriakón, «lo perteneciente al Señor»): de ahí el inglés church o el alemán Kirche. Conviene notar que ekklesía en el Nuevo Testamento nunca designa un edificio, sino siempre a personas: el uso del nombre para el local de culto es posterior.
Trasfondo en el Antiguo Testamento
El concepto no nace de la nada. La Septuaginta, traducción griega del Antiguo Testamento, emplea ekklesía para verter el hebreo qahal (קָהָל), la «asamblea» o «congregación» de Israel convocada ante Dios, especialmente la reunión del pueblo al pie del Sinaí: «el día que estuviste delante del Señor tu Dios en Horeb» (Deuteronomio 4:10). El otro término hebreo afín es edá, la comunidad reunida. De este modo, cuando el Nuevo Testamento llama ekklesía a la comunidad cristiana, evoca deliberadamente esa asamblea: la Iglesia se presenta como continuación y plenitud del pueblo de Dios, ahora abierto a las naciones. Por eso 1 Pedro 2:9 aplica a los creyentes títulos que el Antiguo Testamento daba a Israel: «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios».
La Iglesia en el Nuevo Testamento
La primera mención en labios de Jesús es programática: «sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mateo 16:18). El término reaparece luego para la disciplina comunitaria (Mateo 18:17). Pero es Hechos quien muestra el nacimiento histórico de la comunidad: tras Pentecostés, los creyentes «perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones» (Hechos 2:42). Hechos 20:28 recuerda su precio: es «la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre».
Pablo desarrolla la teología de la Iglesia con varias imágenes. La principal es el cuerpo de Cristo: «vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular» (1 Corintios 12:27), con Cristo como cabeza (Colosenses 1:18; Efesios 1:22-23). De ahí se sigue la diversidad de dones al servicio del conjunto (Romanos 12; Efesios 4:11-13) y la interdependencia de los miembros. Junto a esta, emplea la imagen de la esposa: «Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella» (Efesios 5:25), y la del templo edificado sobre los apóstoles y profetas, «siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo» (Efesios 2:20-22). El término puede designar tanto la comunidad universal como cada comunidad local concreta —«las iglesias de Galacia», «la iglesia que está en su casa»—, sin que el Nuevo Testamento oponga ambas: la iglesia local es manifestación de la única Iglesia.
Significado teológico
El Credo confiesa la Iglesia «una, santa, católica y apostólica», cuatro notas que todas las grandes tradiciones aceptan aunque las interpreten de modo distinto. El punto de mayor divergencia es la eclesiología propiamente dicha: qué relación hay entre la Iglesia visible y la invisible, dónde reside la autoridad y cómo se gobierna.
La tradición católica subraya la continuidad apostólica visible, el episcopado y el primado del obispo de Roma como principio de unidad, y entiende la Iglesia como sacramento de salvación, mediadora de la gracia por los sacramentos. La tradición ortodoxa comparte el episcopado y la sucesión apostólica, pero rechaza el primado papal en favor de una comunión de iglesias autocéfalas, y pone el acento en la Eucaristía y la liturgia como lugar donde la Iglesia se realiza. Las tradiciones protestantes desplazan el énfasis del oficio a la Palabra: la Iglesia está allí donde el evangelio se predica con fidelidad y los sacramentos se administran conforme a su institución; recuperan el «sacerdocio de todos los creyentes» (1 Pedro 2:9) frente a la mediación clerical, y muchas adoptan formas de gobierno presbiteriano o congregacional. La distinción entre Iglesia visible (la comunidad observable) e invisible (el conjunto de los verdaderos creyentes, conocido solo por Dios), formulada por la Reforma, ayuda a explicar por qué en la comunidad histórica conviven trigo y cizaña.
Pese a estas diferencias, hay un núcleo compartido: la Iglesia es obra de Dios, no mera asociación humana; tiene a Cristo por cabeza y fundamento; existe para adorar, anunciar y servir; y está llamada a una unidad que el Nuevo Testamento da por supuesta —«un cuerpo, y un Espíritu… un Señor, una fe, un bautismo» (Efesios 4:4-5)— y que las divisiones históricas contradicen sin poder anular.
Errores comunes
- Confundir la Iglesia con el edificio. En el Nuevo Testamento «ekklesía» designa siempre a personas, no a un local.
- Reducirla a una organización humana. Es comunidad convocada por Dios y unida a Cristo, no una mera asociación.
- Pensar que solo los líderes cuentan. Pablo insiste en que cada miembro tiene un don necesario (1 Corintios 12).
- Oponer iglesia local e Iglesia universal. La comunidad local es manifestación de la única Iglesia, no algo distinto.
- Dar por irrelevante la unidad. El Nuevo Testamento presupone «un solo cuerpo» (Efesios 4:4); la división es anomalía, no normalidad.