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Lugar u objeto · Persa

Paraíso

Lugar de bienaventuranza; jardín del Edén y morada celestial.

Forma original

παράδεισος

parádeisos

En el AT

En el NT

También como

jardín del Edén · morada celestial

Definición rápida

El paraíso es, en la Biblia, un lugar o estado de bienaventuranza. El término reúne dos imágenes: el jardín del Edén, donde Dios situó al ser humano en comunión plena con él, y la morada de los justos, prometida a quienes mueren en Cristo. Asocia felicidad, vida y cercanía de Dios. Del vergel original perdido por el pecado, la esperanza bíblica se proyecta hacia un paraíso futuro donde se restaura la comunión rota.

Origen y etimología

La palabra «paraíso» tiene un origen oriental. Procede del persa antiguo pairidaēza, compuesto de pairi- (alrededor) y daēza (muro, recinto): literalmente, un «jardín cercado» o «parque amurallado», como los vergales reales de la corte persa, plantados de árboles y regados con cuidado.

El término pasó al griego como παράδεισος (parádeisos), donde conservó el sentido de jardín o parque. Los traductores de la Septuaginta lo emplearon para verter el «huerto» del Edén (Génesis 2:8), de modo que el jardín primordial quedó asociado para siempre con la palabra paraíso. El griego del Nuevo Testamento heredó el vocablo y lo cargó de sentido escatológico. El latín lo recogió como paradisus, y de ahí procede el castellano «paraíso». Así, una palabra que designaba un jardín terrenal acabó nombrando la dicha de la comunión con Dios.

En el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento el paraíso se identifica ante todo con el jardín del Edén. Dios «plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado» (Génesis 2:8). El relato lo describe como lugar de abundancia, regado por ríos y poblado de árboles, entre ellos el árbol de la vida y el del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:9-14). El Edén representa el estado original de armonía: comunión con Dios, con la creación y entre los seres humanos.

Esa armonía se quiebra con la desobediencia. Tras el pecado, Dios «sacó al hombre del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado» (Génesis 3:23), y custodió el camino al árbol de la vida. La expulsión inaugura la separación entre la humanidad y Dios, y convierte el Edén en imagen de lo perdido.

El recuerdo del jardín reaparece como término de comparación de la fertilidad y la bendición: la tierra restaurada será «como el huerto del Edén» (Ezequiel 36:35; cf. Isaías 51:3). El paraíso del origen se transforma así en figura de la esperanza: lo que se perdió será, un día, restaurado.

En el Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento «paraíso» adquiere un sentido marcadamente escatológico y aparece en tres pasajes. El más conocido es la promesa de Jesús en la cruz al ladrón arrepentido: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43). El término designa aquí el estado de comunión gozosa con Cristo tras la muerte, accesible por la fe y no por el mérito.

Pablo lo menciona al relatar una experiencia mística: fue «arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar» (2 Corintios 12:4). El paraíso se sitúa en el ámbito celestial, lugar de revelación y de presencia de Dios.

El Apocalipsis cierra el arco que abría el Génesis. Al vencedor se le promete «comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios» (Apocalipsis 2:7). El árbol de la vida, custodiado tras la expulsión del Edén, reaparece en la consumación: el paraíso perdido se recupera y se supera. La nueva creación enjugará «toda lágrima», y «ya no habrá muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4).

Significado teológico

El paraíso articula el arco completo de la historia de la salvación: del jardín originario, perdido por el pecado, a la comunión restaurada en Cristo y consumada en la nueva creación. Es a la vez memoria de lo perdido y promesa de lo prometido. En la enseñanza de Jesús al ladrón, expresa la esperanza de comunión inmediata con él tras la muerte; en el Apocalipsis, la plenitud final en la presencia de Dios.

Las tradiciones cristianas comparten esta visión, pero difieren al precisarla. El catolicismo distingue el estado intermedio —incluido el purgatorio como purificación— de la bienaventuranza definitiva, y entiende el paraíso como gozo de la visión de Dios. Muchas corrientes protestantes rechazan el purgatorio y afirman la comunión inmediata con Cristo tras la muerte, apoyándose en textos como Lucas 23:43 y Filipenses 1:23. La ortodoxia acentúa la transformación del ser humano y su unión progresiva con Dios. Las diferencias se concentran en el momento y el modo, no en la realidad de la bienaventuranza.

Conviene distinguir, sin separar, paraíso y cielo. «Cielo» nombra de ordinario la morada de Dios y el destino último; «paraíso» subraya el carácter de comunión gozosa, ligado a la imagen del jardín y del árbol de la vida. Ambos términos convergen en una misma esperanza: la vida plena con Dios.

Errores comunes

Confundir paraíso y cielo como si fueran exactamente lo mismo. Se solapan, pero el paraíso acentúa la comunión gozosa y la imagen del jardín, mientras «cielo» designa la morada de Dios.

Entender el paraíso solo como lugar físico y geográfico, olvidando su dimensión de estado de comunión con Dios, presente ya y consumado al final.

Pasar por alto la dimensión temporal: el paraíso es esperanza futura, pero también realidad que comienza en la relación presente con Dios.

Dar por supuesto que todos acceden al paraíso, cuando la Escritura vincula la entrada a la fe en Cristo (Lucas 23:43).

Minusvalorar el papel del Edén, que es la clave para comprender el paraíso como restauración de una comunión originaria perdida.

«Paraíso» en la Biblia: pasajes clave

Selección de pasajes bíblicos donde aparece o se aplica este término. Texto de la Reina-Valera 1909 (dominio público).

Y plantó Jehová Dios un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había creado.
Génesis 2:8 RVR1909
Y sacó Jehová Dios al hombre del huerto de Edén, para que labrara la tierra de que fue tomado.
Génesis 3:23 RVR1909
Y Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Lucas 23:43 RVR1909
El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias; al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.
Apocalipsis 2:7 RVR1909

Preguntas frecuentes sobre «Paraíso»

¿Qué es el paraíso según la Biblia?

El paraíso es un lugar o estado de bienaventuranza que la Biblia asocia con dos realidades. En el Antiguo Testamento remite al jardín del Edén, el lugar original de comunión con Dios. En el Nuevo Testamento adquiere un sentido escatológico: la morada de los justos con Dios, como cuando Jesús promete al ladrón arrepentido «hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43).

¿De dónde viene la palabra paraíso?

De una raíz persa antigua, pairidaēza, que significaba «jardín cercado» o «parque amurallado». De ahí pasó al griego como parádeisos, término que la Septuaginta usó para traducir el jardín del Edén. El latín lo recogió como paradisus y de él procede el castellano «paraíso». La palabra evoca, en su origen, un vergel cuidado y protegido.

¿Dónde se menciona el paraíso en el Nuevo Testamento?

En tres pasajes. En Lucas 23:43, Jesús promete al ladrón arrepentido estar con él en el paraíso. En 2 Corintios 12:4, Pablo dice haber sido arrebatado «al paraíso» en una visión. En Apocalipsis 2:7 se promete al vencedor comer «del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios». Cada texto aporta un matiz distinto.

¿Cuál es la diferencia entre el paraíso y el cielo?

Los términos se solapan, pero no son idénticos. «Cielo» designa la morada de Dios y el destino último de los redimidos. «Paraíso» subraya el carácter de comunión gozosa con Dios, ligado a la imagen del jardín y del árbol de la vida. En Lucas 23:43 parece referirse al estado de los justos tras la muerte. Las tradiciones difieren al precisar su relación.

¿El paraíso es un lugar físico o espiritual?

La Biblia lo presenta con rasgos de ambos. El Edén se describe como un lugar concreto, con ríos y árboles (Génesis 2:8-14). El paraíso del Nuevo Testamento tiene un carácter más espiritual y escatológico: estado de comunión con Dios tras la muerte y en la consumación final. La imaginería del jardín conecta ambos sentidos sin reducirlos a una mera geografía.

¿Cómo difieren las tradiciones cristianas sobre el paraíso?

Todas lo entienden como bienaventuranza en la presencia de Dios, pero con matices. El catolicismo contempla un estado intermedio (purgatorio) antes de la plenitud; muchas corrientes protestantes lo rechazan y afirman la comunión inmediata con Cristo tras la muerte. La ortodoxia subraya la transformación y la unión con Dios. Las diferencias afectan sobre todo al «cuándo» y al «cómo».

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Fuentes y método

Las citas bíblicas proceden de la Reina-Valera 1909 (dominio público). La información se ha contrastado con obras de referencia (Concordancia Strong, léxicos BDB y BDAG, Anchor Bible Dictionary y Catholic Encyclopedia) y revisado editorialmente por Borja Cifuentes, conforme a nuestra política editorial.

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