Lugar u objeto
Cruz
Instrumento de ejecución romano, formado por dos maderos, donde fue crucificado Jesús; símbolo central de la fe cristiana y de la redención.
Forma original
σταυρός
staurós
Strong
G4716
En el AT
0×
En el NT
28×
También como
cruces · crucifixion · crucero
Definición rápida
La cruz es el instrumento de ejecución romano, formado por dos maderos, en el que fue crucificado Jesús. A partir de ese hecho se convirtió en el símbolo central de la fe cristiana y de la redención. Designa tanto el objeto histórico como, por extensión, el sacrificio de Cristo y la llamada a seguirle asumiendo la propia cruz.
Origen y etimología
El término griego del Nuevo Testamento es staurós (σταυρός), que originalmente designaba un poste o estaca, y que pasó a nombrar el madero de la ejecución. El verbo derivado, stauróō, significa «crucificar». En latín, crux dio el castellano «cruz»; de la misma raíz proceden «crucificar» y «crucifijo».
La crucifixión era una pena romana, no judía, reservada a esclavos rebeldes, sediciosos y criminales considerados infames. Consistía en clavar o atar al condenado a un madero hasta provocarle la muerte por agotamiento y asfixia. Por su crueldad y deshonra, Cicerón la describía como el suplicio más cruel y vergonzoso. Que el símbolo máximo del cristianismo proceda de semejante instrumento revela hasta qué punto la fe cristiana resignificó la cruz: de signo de oprobio a signo de salvación.
En el Antiguo Testamento
El término «cruz» no aparece en el Antiguo Testamento, ya que la crucifixión como tal pertenece al ámbito romano posterior. Existe, eso sí, la pena de «colgar de un madero» al ya ejecutado, sobre la que Deuteronomio 21:23 declara: «maldito por Dios es el colgado», texto que Pablo aplicará después a Cristo (Gálatas 3:13).
La tradición cristiana lee además ciertos episodios como prefiguraciones del sacrificio de la cruz. La serpiente de bronce que Moisés levanta en un asta para sanar a los mordidos (Números 21:8-9) es interpretada por el propio Jesús como figura de su elevación (Juan 3:14). El sacrificio interrumpido de Isaac (Génesis 22) y el cordero pascual se han entendido también como anticipos de la entrega de Cristo. Son lecturas tipológicas, no menciones explícitas de la cruz.
En el Nuevo Testamento
En el Nuevo Testamento la cruz aparece primero como dato histórico de la pasión. Los evangelios narran que, camino del Gólgota, los soldados obligan a un hombre a cargar el madero: «hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón: a éste cargaron para que llevase su cruz» (Mateo 27:32; también Marcos 15:21 y Lucas 23:26). Juan precisa que Jesús salió «llevando su cruz» al lugar llamado de la Calavera (Juan 19:17).
Pero la cruz pasa enseguida a designar el contenido teológico de la redención. Pablo declara: «lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gálatas 6:14), y afirma que «la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; mas a los que se salvan… es poder de Dios» (1 Corintios 1:18). Jesús, además, hace de la cruz imagen del seguimiento: «tome su cruz, y sígame» (Mateo 16:24). Así, de instrumento de muerte la cruz se vuelve clave de la salvación y norma de vida.
Significado teológico
La cruz es el centro de la soteriología cristiana: en ella Cristo entrega su vida y, según el Nuevo Testamento, reconcilia al ser humano con Dios. Reúne escándalo y gloria, derrota aparente y victoria real, muerte y anuncio de resurrección. Por eso Pablo la presenta a la vez como locura para el mundo y poder de Dios.
Las confesiones comparten esta centralidad pero difieren en el culto. El catolicismo y la ortodoxia veneran la cruz como objeto sagrado, usan el crucifijo y le dedican gestos litúrgicos como la señal de la cruz y la adoración del viernes santo. La ortodoxia tiene además una rica teología de la cruz vivificante. Buena parte del protestantismo la conserva como símbolo central pero rechaza su veneración material, prefiere la cruz vacía como recordatorio de la resurrección y subraya que la salvación procede del sacrificio de Cristo, no del signo en sí. La diferencia, por tanto, no está en el valor de lo ocurrido en la cruz, sino en cómo se trata su representación.
Errores comunes
Un error habitual es confundir cruz y crucifijo: la cruz es el madero; el crucifijo añade la figura de Cristo. Otro es leer la veneración de la cruz como idolatría sin distinguir el matiz que las propias tradiciones que la practican establecen entre venerar el signo y adorar solo a Dios.
También se malinterpreta «llevar la cruz» como sinónimo de cualquier contrariedad de la vida, cuando en el evangelio se refiere específicamente al seguimiento de Cristo y a la renuncia por causa de la fe. Por último, conviene no proyectar la cruz como objeto sobre el Antiguo Testamento: allí no aparece el término, y las relaciones que se establecen son lecturas tipológicas posteriores, no menciones literales.