Lugar u objeto
Templo de Jerusalén
Edificio sagrado construido en el monte Moriah de Jerusalén, centro del culto judío y escenario de eventos clave en la historia bíblica.
Forma original
בֵּית הַמִּקְדָּשׁ / ναός
Beit haMiqdash (hebreo) · naós (griego)
Strong
H1964 / G3485
En el AT
120×
En el NT
70×
También como
templo de Salomón · templo de Herodes · santuario de Jerusalén
Definición rápida
El Templo de Jerusalén fue el principal santuario del pueblo de Israel, situado sobre el monte Moriah, en Jerusalén. Centro único del culto sacrificial y morada de la presencia de Dios entre su pueblo, conoció dos construcciones históricas: el Templo de Salomón (Primer Templo) y el Segundo Templo, reconstruido tras el exilio y ampliado por Herodes. Su historia atraviesa toda la Biblia, y su destrucción en el año 70 d.C. marcó un punto de no retorno tanto para el judaísmo como para la comprensión cristiana del culto.
Origen y etimología
«Templo de Jerusalén» combina un término genérico con una localización. «Templo» llega del latín templum, el espacio sagrado delimitado para el culto. Pero las lenguas bíblicas usan vocabulario propio.
En hebreo, las designaciones más frecuentes son בֵּית יהוה (Beit YHWH, «Casa de Jehová») y בֵּית הַמִּקְדָּשׁ (Beit haMiqdash, «Casa del Santuario» o «de la Santidad»), de la raíz qadash, «apartar, consagrar». También aparece הֵיכָל (heikal, «palacio, templo», Strong H1964), término de origen sumerio-acadio que designa el edificio o, más concretamente, la nave central, el Lugar Santo.
En griego, el Nuevo Testamento distingue dos palabras. ναός (naós, Strong G3485) designa el santuario propiamente dicho, el edificio sagrado que alberga el Lugar Santísimo; es el término que Jesús usa al referirse a su cuerpo (Juan 2:19) y Pablo al llamar templo al creyente. ἱερόν (hieron) designa todo el recinto sagrado con sus atrios y pórticos: es el lugar donde Jesús enseñaba y expulsó a los mercaderes.
En el Antiguo Testamento
El proyecto nace con David, que desea edificar «casa» a Dios, pero la promesa de construirla recae sobre su hijo (2 Samuel 7). Salomón levanta el Primer Templo en el monte Moriah (1 Reyes 6:1; 2 Crónicas 3:1). En su dedicación, «la gloria de Jehová llenó la casa» (1 Reyes 8:10-11), y el propio Salomón reconoce el límite de toda construcción: «He aquí que los cielos… no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?» (1 Reyes 8:27). El edificio reproduce el esquema del tabernáculo: vestíbulo, Lugar Santo y Lugar Santísimo, donde reposa el arca de la alianza.
El Templo es el corazón del culto, pero los profetas advierten contra la confianza mágica en el edificio. Jeremías denuncia a quienes repiten «¡Templo de Jehová, templo de Jehová!» mientras viven en la injusticia (Jeremías 7:4-14). El 586 a.C. los babilonios lo destruyen, golpe espiritual y nacional devastador. Tras el exilio, bajo Zorobabel y con el impulso de los profetas Hageo y Zacarías, se reconstruye el Segundo Templo (Esdras 6:15), más modesto, hasta el punto de que los ancianos que recordaban el primero lloraron al ver los cimientos (Esdras 3:12).
En el Nuevo Testamento
En tiempos de Jesús, el Segundo Templo, engrandecido por Herodes, es uno de los mayores complejos religiosos del mundo antiguo. Jesús lo frecuenta: es presentado allí de niño (Lucas 2:22-27), enseña en sus atrios y lo purifica expulsando a los cambistas y vendedores (Mateo 21:12-13), citando a Isaías y Jeremías: «mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones».
Sobre todo, Jesús reinterpreta el Templo. Anuncia su destrucción —«no quedará aquí piedra sobre piedra» (Mateo 24:2)—, cumplida en el año 70 d.C., y aplica la imagen a su propia persona: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré», hablando «del templo de su cuerpo» (Juan 2:19-21). La iglesia primitiva sigue acudiendo al Templo a orar (Hechos 3:1), pero pronto se entiende a sí misma como el nuevo templo espiritual: «¿no sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» (1 Corintios 3:16). Hebreos corona esta relectura: Cristo es sumo sacerdote que entra «por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos» (Hebreos 9:11-12), el santuario celestial.
Significado teológico
El Templo concentra tres grandes temas. Primero, la presencia de Dios: es el lugar donde Dios «hace habitar su nombre» (2 Crónicas 7:16) y manifiesta su gloria, aunque la propia oración de Salomón advierte que ningún edificio puede contenerlo. Segundo, la mediación sacrificial: allí se ofrecen los sacrificios de expiación que reconcilian al pueblo con Dios, sistema que el Nuevo Testamento lee como anticipo del único sacrificio de Cristo. Tercero, la escatología: profetas como Ezequiel (capítulos 40-48) describen un templo restaurado y futuro.
Las tradiciones difieren en los acentos:
- Catolicismo y ortodoxia: ven en el Templo un precedente de la liturgia y la sacramentalidad de la Iglesia, en especial de la Eucaristía, y en su arquitectura un modelo del espacio sagrado cristiano.
- Protestantismo: subraya la dimensión espiritual y personal —el creyente y la comunidad como templo del Espíritu— y la centralidad de Cristo como único mediador, sin necesidad de un santuario físico ni de un sacerdocio que repita sacrificios.
- Judaísmo: tras la destrucción, sustituyó el culto del Templo por la oración y el estudio en la sinagoga, manteniendo el templo como objeto de esperanza mesiánica.
- En la lectura escatológica cristiana, unas corrientes interpretan las profecías sobre el templo en clave simbólica (cumplidas en Cristo y la Iglesia) y otras esperan un cumplimiento más literal.
Errores comunes
- Creer que hubo un solo Templo: hubo dos principales, con fases de reconstrucción y la gran ampliación herodiana.
- Pensar que el Templo existe hoy: solo quedan restos del muro de contención; en la explanada se alzan ahora santuarios musulmanes.
- Confundir Templo y sinagoga: la sinagoga es lugar de reunión, oración y estudio, no de sacrificio; surge precisamente como alternativa al culto sacrificial centralizado.
- Suponer que el Segundo Templo conservaba el arca: se perdió en la destrucción babilónica, y el Lugar Santísimo del Segundo Templo estaba vacío.
- Olvidar el desplazamiento neotestamentario: en el cristianismo el «templo» pasa a ser Cristo, la comunidad y el cuerpo del creyente.