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Palabra bíblica · Griego

Paracleto

Paracleto es un término griego del Nuevo Testamento que designa al Espíritu Santo como Consolador, Abogado o Intercesor, especialmente en los discursos de Jesús en el Evangelio de Juan.

Forma original

παράκλητος

paráklētos

Strong

G3875

En el NT

También como

consolador · abogado · intercesor

Definición rápida

Paracleto es un término griego del Nuevo Testamento que designa a quien es llamado para asistir a otro. En el Evangelio de Juan nombra al Espíritu Santo que Jesús promete enviar a sus discípulos tras su partida, con la misión de acompañarlos, enseñarles y dar testimonio de Cristo. Las traducciones lo vierten como Consolador, Abogado, Intercesor o Defensor, según el matiz que cada pasaje destaque. En 1 Juan 2:1 el mismo término se aplica a Cristo como abogado ante el Padre.

Origen y etimología

La palabra procede del griego παράκλητος (paráklētos), adjetivo verbal formado por la preposición παρά (pará, junto a) y el verbo καλέω (kaléō, llamar). Literalmente significa «el llamado al lado de», es decir, aquel a quien se convoca para que esté junto a otro y lo asista. Se trata de una forma pasiva: el paracleto es alguien llamado, no quien llama.

En el griego clásico y jurídico, el término designaba con frecuencia al que comparecía en un tribunal en favor del acusado: un abogado defensor o un valedor que hablaba a su lado. De ahí el matiz forense de «abogado». Pero el campo semántico era más amplio e incluía al que consuela, anima o intercede. El Nuevo Testamento recoge esa amplitud y la llena de contenido teológico. Las versiones latinas tradujeron unas veces Paracletus (transcripción) y otras Advocatus o Consolator, y de esa doble tradición proceden las distintas opciones de las Biblias castellanas.

En el Antiguo Testamento

El término paráklētos no aparece en el texto hebreo, pues es un vocablo griego propio del lenguaje neotestamentario. La idea, en cambio, tiene raíces hondas en el Antiguo Testamento.

Dios se presenta como defensor de Israel: «Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quietos» (Éxodo 14:14). También como consolador de su pueblo: el segundo Isaías se abre con el mandato divino «Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios» (Isaías 40:1). Los Salmos lo invocan como «amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (Salmo 46:1).

El Espíritu de Dios actúa además como fuerza y guía sobre líderes y profetas (Números 11:25-29; Isaías 63:11-14). En la literatura judía posterior aparecen figuras angélicas que interceden por los justos. Todo ello prepara el terreno conceptual, pero la figura de un consolador personal y permanente que mora con los creyentes es una novedad del Nuevo Testamento.

En el Nuevo Testamento

El término aparece cinco veces, todas en los escritos joánicos. En los discursos de despedida (Juan 14-16), Jesús anuncia la venida del Paracleto como continuación de su propia obra. «Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre» (Juan 14:16). El adjetivo «otro» es revelador: el Espíritu será un paracleto distinto de Jesús, pero de la misma naturaleza, que ocupará su lugar junto a los discípulos.

En Juan 14:26 se identifica sin ambigüedad: «el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho». En Juan 15:26 recibe el título de «Espíritu de verdad» y se le atribuye dar testimonio de Cristo. En Juan 16:7 Jesús declara que su propia partida es condición para la venida del Paracleto, subrayando la importancia de esa misión.

El quinto texto cambia de sujeto. En 1 Juan 2:1 el paracleto es Cristo mismo: «abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo». Así, el Hijo intercede en el cielo y el Espíritu acompaña en la tierra; el mismo término nombra dos funciones complementarias de defensa del creyente.

Significado teológico

En la teología cristiana el Paracleto de los Evangelios se identifica con el Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad. Su acción es múltiple: consuela, enseña, recuerda las palabras de Jesús, guía hacia la verdad plena, da testimonio de Cristo y convence al mundo «de pecado, de justicia y de juicio» (Juan 16:8). No es una energía impersonal: los pronombres personales que Juan le aplica y las acciones que le atribuye lo presentan como sujeto con voluntad propia.

El matiz de abogado e intercesor se hace explícito en 1 Juan 2:1, donde Cristo defiende al creyente ante el Padre. Consuelo y defensa se entrelazan: el Paracleto no solo acompaña en la prueba, también sostiene jurídicamente al cristiano frente a la acusación.

Las tradiciones acentúan aspectos distintos. El catolicismo confiesa que el Espíritu procede del Padre y del Hijo (Filioque) y destaca su acción en los sacramentos y la conciencia. La ortodoxia sostiene que procede solo del Padre y subraya su papel santificador y vivificante en la Iglesia. El protestantismo enfatiza su función como guía en la lectura de la Escritura y defensor del creyente ante la tentación. Estas diferencias, lejos de ser secundarias, marcaron históricamente la separación entre Oriente y Occidente.

Errores comunes

Reducir paracleto a «consolador» sin más, perdiendo el matiz forense de abogado y defensor que el término conserva del griego jurídico.

Limitar el vocablo al Espíritu Santo y olvidar que 1 Juan 2:1 lo aplica a Cristo. El mismo término nombra dos sujetos divinos en funciones complementarias.

Tratar al Paracleto como una fuerza impersonal o una influencia difusa. El texto joánico lo presenta como persona que enseña, recuerda y da testimonio.

Situar su acción solo en el pasado apostólico. La promesa de Juan 14:16 es que el Paracleto permanezca «para siempre», lo que la teología cristiana entiende como presencia continua en la vida de la Iglesia.

«Paracleto» en la Biblia: pasajes clave

Selección de pasajes bíblicos donde aparece o se aplica este término. Texto de la Reina-Valera 1909 (dominio público).

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.
Juan 14:16 RVR1909
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Juan 14:26 RVR1909
Pero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí.
Juan 15:26 RVR1909
Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya; porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere, os lo enviaré.
Juan 16:7 RVR1909

Preguntas frecuentes sobre «Paracleto»

¿Qué significa la palabra paracleto?

Paracleto traduce el griego paráklētos, literalmente «el llamado al lado de otro» para ayudarlo. De ahí los distintos matices de las traducciones: Consolador, Abogado, Intercesor o Defensor. En el Evangelio de Juan designa al Espíritu Santo que Jesús promete enviar tras su partida; en 1 Juan 2:1 se aplica a Cristo como abogado ante el Padre. La palabra reúne consuelo y defensa en una sola figura.

¿Cuántas veces aparece paracleto en la Biblia?

El término aparece cinco veces en el Nuevo Testamento, todas en los escritos joánicos: cuatro en el Evangelio de Juan (14:16; 14:26; 15:26; 16:7) y una en la Primera Carta de Juan (2:1). En los cuatro primeros casos se refiere al Espíritu Santo; en el quinto, a Jesucristo. No aparece en ningún otro libro del Nuevo Testamento.

¿Por qué se traduce a veces Consolador y otras Abogado?

Porque paráklētos abarca un campo de significado amplio. En el mundo griego designaba al que comparece junto a alguien en un juicio para defenderlo, pero también al que consuela o intercede. Las versiones eligen según el contexto: «Consolador» resalta el acompañamiento, «Abogado» la defensa jurídica, «Intercesor» la mediación. Ningún término castellano agota por sí solo el sentido del original.

¿Está el paracleto en el Antiguo Testamento?

El vocablo griego no, por ser propio del Nuevo Testamento. Pero la función está prefigurada: Dios defiende a su pueblo (Éxodo 14:14), lo consuela (Isaías 40:1) y su Espíritu guía a profetas y líderes. La idea de un consolador personal y permanente, sin embargo, se desarrolla plenamente en los discursos de despedida de Jesús, no antes.

¿El paracleto es una persona o una fuerza?

Según el Evangelio de Juan, es una persona divina, no una energía impersonal. Jesús habla de «otro Consolador» (Juan 14:16), usa pronombres personales para referirse a él y le atribuye acciones propias de un sujeto: enseñar, recordar, dar testimonio, convencer al mundo. La teología cristiana lo identifica con el Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad.

¿Puede paracleto referirse también a Jesús?

Sí. En 1 Juan 2:1 el término se aplica explícitamente a Cristo: «abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo». El mismo vocablo nombra al Espíritu que acompaña en la tierra y al Hijo que intercede en el cielo. Ambos ejercen una función de defensa y mediación a favor del creyente, en planos distintos pero complementarios.

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Fuentes y método

Las citas bíblicas proceden de la Reina-Valera 1909 (dominio público). La información se ha contrastado con obras de referencia (Concordancia Strong, léxicos BDB y BDAG, Anchor Bible Dictionary y Catholic Encyclopedia) y revisado editorialmente por Borja Cifuentes, conforme a nuestra política editorial.

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