Palabra bíblica · Griego
Parusía
La Parusía es la segunda venida de Jesucristo, un acontecimiento futuro en el que Cristo regresará de manera visible y gloriosa para consumar la historia y juzgar a vivos y muertos.
Forma original
παρουσία
parousía
Strong
G3952
En el NT
24×
También como
segunda venida · advenimiento
Definición rápida
Parusía es el término bíblico que designa la segunda venida de Jesucristo: el acontecimiento futuro en que Cristo regresará de forma visible y gloriosa para poner término a la historia, juzgar a vivos y muertos y establecer de modo definitivo el Reino de Dios. Es un pilar de la escatología cristiana y aparece de manera destacada en el Nuevo Testamento, sobre todo en los discursos de Jesús y en las cartas apostólicas.
Origen y etimología
La palabra procede del griego παρουσία (parousía), sustantivo derivado del verbo πάρειμι (páreimi, estar presente), formado por παρά (pará, junto a) y εἰμί (eimí, ser o estar). Su sentido primario es «presencia», y por extensión «llegada» o «venida» de quien se hace presente.
En el griego helenístico, parousía tenía un uso técnico preciso: designaba la visita oficial y solemne de un soberano, un emperador o un alto magistrado a una ciudad. Esa llegada se preparaba con honores, comitivas y a veces con una nueva era de cómputo del tiempo. El término evocaba, por tanto, una presencia esperada, majestuosa y cargada de consecuencias. El Nuevo Testamento aprovecha esa resonancia regia para hablar de la venida del Rey por excelencia.
En los escritos apostólicos el vocablo conserva ocasionalmente el sentido común de presencia física de una persona —Pablo habla de su propia parousía entre los fieles (Filipenses 2:12)—, pero su uso característico y mayoritario apunta al retorno definitivo de Cristo. De esta raíz griega proceden las expresiones castellanas «segunda venida», «advenimiento» y «venida del Señor». El hebreo no ofrece un equivalente directo, ya que el Antiguo Testamento expresa la intervención divina con otras categorías.
En el Antiguo Testamento
El término parousía no figura en el Antiguo Testamento, pues pertenece al vocabulario griego del Nuevo. La idea de una intervención futura y decisiva de Dios, en cambio, recorre buena parte de la literatura profética.
Los profetas anuncian el «día de Yahvé» (Isaías 13:6; Joel 2:1; Amós 5:18), entendido como jornada de juicio y de salvación en la que Dios actúa de manera irreversible para castigar la injusticia y restaurar a su pueblo. Era un día temido y esperado a la vez. La venida de Dios se describe con imágenes de gloria, fuego y manifestación visible (Isaías 66:15-16; Ezequiel 43:2).
El Salmo 96:13 lo expresa con sobriedad: «delante de Jehová que vino; porque vino a juzgar la tierra». No emplea el término griego, pero la idea de una llegada divina para juzgar y reinar está plenamente presente. En los siglos previos a Cristo, la esperanza de un Mesías que vendría a instaurar el Reino fue dando forma a la expectativa que el Nuevo Testamento concentrará en la parusía.
En el Nuevo Testamento
En el Nuevo Testamento la parusía adquiere un sentido técnico y central. Jesús anuncia su retorno en los discursos escatológicos de los sinópticos (Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21). En Mateo 24:27 afirma: «Como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre». La imagen subraya su carácter público, súbito y universal.
Pablo desarrolla la doctrina con amplitud. En 1 Tesalonicenses 4:15-17 describe la venida del Señor como el momento en que los muertos en Cristo resucitarán primero y los creyentes vivos serán transformados para salir a su encuentro. En 1 Corintios 15:23 la sitúa como término del orden de la resurrección: «cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida». Insiste, además, en la imprevisibilidad de la fecha y exhorta a la vigilancia (1 Tesalonicenses 5:2).
Pedro responde a los escépticos que dudan de la promesa: «¿Dónde está la promesa de su advenimiento?» (2 Pedro 3:4), y recuerda que «el día del Señor vendrá como ladrón en la noche» (2 Pedro 3:10). Santiago llama a la paciencia «hasta la venida del Señor» (Santiago 5:7). El Apocalipsis no usa el término, pero presenta el retorno de Cristo como clímax de la historia (Apocalipsis 19:11-16).
Significado teológico
La parusía es uno de los pilares de la escatología cristiana y articula varias afirmaciones doctrinales. En primer lugar, marca la consumación de la historia: el momento en que Cristo regresa para poner fin al mal y renovar la creación, cumpliendo las promesas divinas. En segundo lugar, está ligada al juicio: según Mateo 25:31-46, el Hijo del hombre separará a justos e injustos. Para el creyente la parusía es esperanza de resurrección y vida eterna; para el impío, advertencia de juicio.
Las confesiones afirman unánimemente la segunda venida, pero difieren en su articulación. El catolicismo la enseña como acontecimiento único y definitivo, coincidente con la resurrección general y el juicio final, y rechaza la idea de un rapto secreto previo. El protestantismo presenta mayor diversidad: el premilenarismo distingue un rapto anterior a la venida visible, mientras el amilenarismo ve un solo acto final. La ortodoxia coincide en lo esencial con la visión católica y subraya el misterio y la transformación del cosmos.
Más allá del dato futuro, la parusía es una llamada a la esperanza activa y a la vigilancia. Jesús exhorta a estar preparados, porque «el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis» (Mateo 24:44). La fe cristiana orienta así la vida presente hacia un horizonte que da sentido a la ética y sostiene la perseverancia.
Errores comunes
Identificar la parusía con cualquier acontecimiento histórico o político reciente, contra la advertencia bíblica sobre su carácter universal e inconfundible.
Fijar fechas concretas para la venida de Cristo, pese a que Jesús declara que «del día y la hora nadie sabe» (Mateo 24:36).
Reducir la parusía a un suceso meramente espiritual o simbólico, negando la dimensión visible y futura que el Nuevo Testamento le atribuye.
Confundirla con la primera venida de Cristo o con manifestaciones parciales de Dios en la historia.
Vivirla solo como amenaza y juicio, olvidando que para el creyente es ante todo motivo de esperanza y de plenitud.