Doctrina o práctica
Perdón
Remisión o cancelación de los pecados, que permite la reconciliación del ser humano con Dios y con los demás.
Forma original
סָלַח / ἄφεσις
salaj (hebreo) · áfesis (griego)
Strong
H5545 / G859
En el AT
50×
En el NT
60×
También como
perdonar · perdonado · perdonanza
Definición rápida
El perdón es, en la Biblia, la remisión de la culpa: el acto por el que Dios cancela el pecado del ser humano y restaura la comunión rota. La imagen de fondo es la de soltar una deuda o liberar a un cautivo. Tiene dos planos inseparables: el perdón que Dios concede al pecador y el perdón que el creyente está llamado a conceder a su prójimo, reflejo del primero.
Origen y etimología
El hebreo dispone de varios términos:
- סָלַח (salaj): «perdonar», «remitir». Es notable que en el Antiguo Testamento este verbo tenga siempre a Dios como sujeto: el perdón en sentido pleno es prerrogativa divina.
- כָּפַר (kafar): «cubrir», «expiar». De aquí deriva kippur (como en Yom Kippur, Día de la Expiación). La culpa se «cubre» mediante el sacrificio.
- נָשָׂא (nasá): «levantar», «quitar», «llevar» el pecado, como una carga que se retira.
El griego del Nuevo Testamento usa sobre todo ἄφεσις (áfesis), «liberación», «remisión», «cancelación», y el verbo ἀφίημι (afíemi), «soltar», «dejar ir», «perdonar». El vocabulario procede del ámbito de las deudas: perdonar es condonar lo debido. De este sustrato nace en castellano «perdón», a través del latín perdonare, «dar del todo», «conceder por completo».
El perdón en el Antiguo Testamento
El perdón aparece ante todo como acto soberano de Dios. La revelación del nombre divino en el Sinaí lo incluye como atributo esencial: Jehová es «perdonador de la iniquidad, de la rebelión y del pecado» (Éxodo 34:7). El pueblo del pacto sabe que su supervivencia depende de que Dios perdone.
El sistema sacrificial, especialmente el Día de la Expiación (Levítico 16), expresa ritualmente esa búsqueda de perdón: la sangre cubre la culpa y purifica al pueblo. Pero los Salmos y los Profetas insisten en que el rito sin arrepentimiento no basta: «sacrificio y ofrenda no te agrada… los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado» (Salmos 51:16-17).
Las imágenes del perdón divino son de una generosidad notable: «cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones» (Salmos 103:12); «echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados» (Miqueas 7:19). El perdón entre personas, aunque secundario en el énfasis, ya aparece: José perdona a sus hermanos y lee su traición dentro del plan de Dios (Génesis 50:17-21).
El perdón en el Nuevo Testamento
Con Jesús el perdón pasa al centro. Lo proclama unido al arrepentimiento como contenido del Reino (Marcos 1:15) y lo ejerce de forma escandalosa para sus contemporáneos: perdona pecados con su propia autoridad (Marcos 2:5-7), lo que sus adversarios consideran blasfemia porque «solo Dios puede perdonar pecados».
Jesús vincula de modo estrecho recibir y conceder perdón. En el Padrenuestro: «perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mateo 6:12), con la advertencia: «si no perdonáis… tampoco vuestro Padre os perdonará» (Mateo 6:15). La parábola del siervo despiadado (Mateo 18:23-35) muestra la incoherencia de quien, perdonado de una deuda inmensa, no perdona una pequeña. Y manda perdonar sin límite: «hasta setenta veces siete» (Mateo 18:22).
Su ejemplo culmina en la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34). Pablo ancla el perdón en la obra redentora: «en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados» (Efesios 1:7), y de ahí extrae la consecuencia ética: «perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó a vosotros en Cristo» (Efesios 4:32).
Significado teológico
El perdón es gracia, no transacción: Dios no ignora el pecado, sino que lo trata mediante la expiación. Tiene una dimensión judicial (cancelación de la culpa), una relacional (restauración de la comunión) y una comunitaria (la Iglesia como cuerpo de reconciliados). Su fundamento cristológico es claro: «sin derramamiento de sangre no se hace remisión» (Hebreos 9:22).
Las tradiciones difieren en los medios:
- Católica: el perdón de los pecados graves se recibe ordinariamente a través del sacramento de la reconciliación, con contrición, confesión y absolución sacerdotal.
- Protestante: se subraya el acceso directo a Dios por la fe en Cristo; el arrepentimiento sincero basta para recibir el perdón, sin mediación sacramental obligatoria.
- Ortodoxa: mantiene la confesión ante el sacerdote, pero la entiende menos como acto judicial y más como sanación y restauración de la comunión.
Todas coinciden en que el perdón es don de Dios y debe traducirse en la vida diaria del creyente.
Errores comunes
- Identificar perdonar con olvidar: el perdón no exige amnesia, sino renuncia a la venganza.
- Creer que perdonar es aprobar o justificar la ofensa: perdonar presupone que hubo un mal real.
- Confundir perdón con reconciliación: el primero depende de quien perdona; la segunda requiere la respuesta del otro.
- Reducir el perdón a un acto puntual y emocional, cuando suele ser un proceso que exige decisión sostenida.
- Tomar el perdón por debilidad: en la Biblia es ejercicio de fortaleza y libertad, no de sumisión.