Contexto histórico
María de Betania vivió en el primer tercio del siglo I bajo el dominio romano de Judea, en una sociedad regida por la Ley mosaica y un fuerte sentido de comunidad y hospitalidad. La ocupación extranjera convivía con las autoridades judías locales y con debates intensos entre fariseos, saduceos y otros grupos sobre la interpretación de la Ley y la figura del Mesías.
Betania era una aldea a unos tres kilómetros de Jerusalén, en la ruta de los peregrinos hacia la ciudad santa. La familia de María, Marta y Lázaro parece haber tenido cierta posición, pues su casa hospedaba a Jesús y a su grupo. En ese marco, el detalle de una mujer sentada a los pies de un maestro, en la postura propia del discípulo, resulta especialmente significativo: rompía con los esquemas sociales de su tiempo sobre el lugar de la mujer en la enseñanza religiosa.
Historia bíblica de María de Betania
A los pies de Jesús
El primer episodio está en Lucas 10:38-42. Jesús es recibido en casa de Marta y María. Mientras Marta se afana en los preparativos, María “sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra” (Lucas 10:39), gesto propio del discípulo ante el maestro. Marta pide que su hermana la ayude, y Jesús responde: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41-42).
Ante la muerte de Lázaro
El segundo episodio ocurre en Juan 11. Cuando Lázaro muere y Jesús llega a Betania cuatro días después, María permanece en casa hasta que Marta la llama. Al ver a Jesús se postra a sus pies: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano” (Juan 11:32). Su dolor convive con la fe en el poder de Jesús. El evangelista subraya la emoción de Jesús ante su llanto, que desemboca en la resurrección de Lázaro. “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11:5).
La unción en Betania
El tercer episodio, seis días antes de la Pascua, es el más conmovedor. María toma “una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume” (Juan 12:3). Judas Iscariote protesta por el derroche, pero Jesús la defiende: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto” (Juan 12:7). El relato paralelo de Marcos 14:3-9 sitúa la escena en casa de Simón el leproso y recoge la sentencia de Jesús: “dondequiera que se predicare este evangelio, en todo el mundo, también esto que esta ha hecho, será dicho para memoria de ella” (Marcos 14:9).
Una misma postura
En las tres escenas María aparece a los pies de Jesús: escuchando, suplicando, adorando. Esa postura física expresa una actitud interior de humildad y entrega. La tradición cristiana ha visto en ella un modelo de la vida contemplativa y de la fe que se traduce en gestos concretos.
La cuestión de su identidad
En la historia de la interpretación, sobre todo en Occidente, María de Betania fue confundida con María Magdalena y con la mujer pecadora de Lucas 7. La mayoría de los estudiosos actuales la distingue como un personaje propio, con relatos e identidad diferenciados, aunque las confesiones difieren en algunos matices.
Significado teológico
María de Betania ocupa un lugar singular en la teología del Nuevo Testamento. Su actitud de escucha la convierte en símbolo de la verdadera discípula, abierta a la revelación. Frente al activismo de Marta, representa la primacía de la relación personal con Cristo, sin que ello suponga desprecio del servicio.
La unción adquiere valor profético: María reconoce de forma intuitiva y amorosa el destino de Jesús, y él presenta su gesto como digno de ser recordado en todo el mundo. Desde una lectura que atiende al papel de las mujeres, su figura muestra cómo participaron activamente en la vida y misión de Jesús, y abre espacio a la reflexión sobre el discipulado femenino. Católicos, ortodoxos y protestantes la reconocen como testigo del ministerio y la pasión de Jesús.
Versículos clave
Lucas 10:39 “Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.”
Lucas 10:42 “Pero una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.”
Juan 12:3 “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos.”