Figura o grupo · Latín
Gentil
Persona no perteneciente al pueblo judío. En el Nuevo Testamento, todo aquel que no es de origen israelita y a quien también alcanza el evangelio.
Forma original
גּוֹי / ἔθνος
goy / goyim (hebreo) · ethnos / ethnē (griego)
Strong
H1471 / G1484
En el AT
0×
En el NT
122×
También como
gentiles · naciones · paganos · no judíos
Definición rápida
En la Biblia, un gentil es toda persona que no pertenece al pueblo de Israel. El término traduce el hebreo goy («nación») y el griego ethnos («pueblo», «nación»). En el Antiguo Testamento los gentiles son las demás naciones del mundo; en el Nuevo Testamento son los destinatarios del evangelio en pie de igualdad con los judíos, gracias a la obra de Cristo que «derribó la pared intermedia de separación» (Efesios 2:14).
Origen y etimología
La palabra «gentil» llega al castellano desde el latín gentilis, derivado de gens («familia», «clan», «pueblo»). Originalmente designaba al miembro de una misma gens; en la antigüedad tardía pasó a significar «de un pueblo no judío». Las traducciones bíblicas latinas (especialmente la Vulgata) consolidaron este uso.
En la Biblia hebrea, el término principal es גּוֹי (goy), plural goyim, que aparece más de 550 veces. Su sentido literal es «nación», y se usa tanto para Israel como para las demás naciones (Génesis 12:2 llama a Israel goy gadol, «gran nación»). Pero progresivamente, el plural goyim se especializa para «las naciones», «los pueblos paganos», «los no israelitas».
En el Nuevo Testamento griego la traducción habitual es ἔθνος (ethnos), plural ethnē, con el mismo doble uso: puede significar «nación» en general (Mateo 24:7), pero a menudo se opone a «judíos» y significa «los gentiles» (Hechos 10:45; Romanos 11:13).
Otros términos relacionados en griego del NT: Ἕλληνες (Hellēnes, «griegos») se usa a veces como sinónimo de gentiles (Romanos 1:16, «al judío primeramente, y también al griego»). Y ἀκροβυστία (akrobystia, literalmente «prepucio», «incircuncisión») se usa metonímicamente para «los no circuncidados», es decir, los gentiles (Romanos 2:25-27).
Los gentiles en el Antiguo Testamento
El plan de Dios incluye a las naciones desde el principio
La elección de Israel nunca fue exclusivista. Desde el llamado de Abraham, Dios anuncia: «en ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Génesis 12:3). Israel es elegido para las naciones, no contra las naciones: es el sacerdote del mundo (Éxodo 19:6).
Pero la realidad histórica fue de separación
En la práctica, Israel debía mantenerse separado de los pueblos vecinos para no caer en su idolatría (Deuteronomio 7:1-6). Las leyes mosaicas (alimentarias, de pureza ritual, matrimoniales) crearon una distinción social fuerte. Los matrimonios con extranjeros estaban prohibidos cuando implicaban riesgo religioso (Esdras 9-10; Nehemías 13).
El extranjero «justo» tiene su lugar
Aun así, el AT distingue entre el gentil idólatra (al que se debe rechazar religiosamente) y el extranjero residente (ger) que respeta al Dios de Israel: este recibe protección legal y participa de las fiestas (Levítico 19:33-34; Deuteronomio 10:18-19). Algunos gentiles son figuras paradigmáticas de fe: Rahab la cananea, Rut la moabita, el centurión Naamán el sirio.
Los profetas anuncian la inclusión de las naciones
Especialmente Isaías abre el horizonte mesiánico: «poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob… también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra» (Isaías 49:6). El Mesías será luz para los gentiles. El Antiguo Testamento prepara así lo que el Nuevo cumplirá.
Los gentiles en el Nuevo Testamento
Jesús: prioridad a Israel, apertura a las naciones
Jesús desarrolla su ministerio principalmente entre judíos: «No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mateo 15:24). Pero hay episodios reveladores: sana al siervo del centurión romano (Mateo 8:5-13), elogia la fe de la mujer cananea (Mateo 15:21-28), habla con la samaritana (Juan 4). Tras la resurrección, su gran comisión universaliza el alcance: «Id, y doctrinad a todos los gentiles» (Mateo 28:19).
Pentecostés y Cornelio: el momento bisagra
El derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés alcanza a judíos de la diáspora, no aún a gentiles. La conversión decisiva es la de Cornelio, centurión romano, en Hechos 10. Pedro, escandalizado al principio por la idea de comer con un gentil (Hechos 10:28), reconoce: «de cierto entiendo que Dios no hace acepción de personas, sino que de toda nación el que le teme, y obra justicia, le es acepto» (Hechos 10:34-35).
El Concilio de Jerusalén (Hechos 15)
La crisis llega cuando muchos gentiles se convierten en Antioquía sin pasar por la circuncisión. ¿Deben hacerse judíos primero? El Concilio de Jerusalén (año 49) decide: los gentiles convertidos no necesitan circuncidarse ni guardar la Ley de Moisés. Basta con la fe en Cristo y unas pocas restricciones de convivencia (Hechos 15:19-29). Esta decisión cambia la historia: el cristianismo deja de ser una secta judía para convertirse en religión universal.
Pablo, apóstol de los gentiles
Pablo de Tarso recibe de Cristo una misión específica a los gentiles (Hechos 9:15; Romanos 11:13). Sus viajes misioneros llevan el evangelio a Antioquía, Asia Menor, Macedonia, Grecia, Roma y (según la tradición) Hispania. Su teología desarrolla en profundidad la inclusión de los gentiles:
- Misma justificación: «también para los gentiles, los justificará por la fe» (Romanos 3:30).
- Mismo pueblo: «vosotros (gentiles) ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos» (Efesios 2:19).
- Un solo cuerpo: «no hay judío ni griego… porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28).
- Un misterio revelado: que «los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo» (Efesios 3:6).
Significado teológico
La inclusión de los gentiles es uno de los hechos teológicos centrales del Nuevo Testamento. Implica:
- Que el Dios de Israel es el Dios universal, no una deidad tribal.
- Que la promesa hecha a Abraham se cumple en Cristo: en él, las naciones son benditas (Gálatas 3:14).
- Que la salvación es por gracia mediante la fe, no por pertenencia étnica ni por obras de la Ley (Efesios 2:8-9).
- Que la iglesia es universal: judíos y gentiles forman un solo cuerpo (Efesios 2:14-16).
- Que la elección de Israel no se anula sino que se cumple: Israel sigue teniendo un lugar en el plan de Dios (Romanos 9-11).
Aplicación práctica hoy
La inmensa mayoría de cristianos del mundo somos gentiles: descendientes espirituales de Abraham por la fe, no por la sangre. Esto implica:
- Humildad ante Israel: somos «la rama silvestre injertada» (Romanos 11:17-24), no la raíz.
- Misión universal: el evangelio sigue siendo para «todos los gentiles» (Mateo 28:19).
- Unidad en Cristo: superar barreras étnicas, culturales y nacionales en la iglesia.
- Reconocer la primacía histórica de Israel sin caer en supersesionismo (sustitución).
Errores comunes
- Pensar que «gentil» es despectivo. En el NT no lo es: designa al destinatario del evangelio.
- Confundir gentil con pagano en sentido moderno. Bíblicamente, gentil significa simplemente «no judío»; pagano hoy se aplica también a quien no profesa cristianismo o religión monoteísta.
- Olvidar que la iglesia primitiva era judía. La discusión sobre la admisión de gentiles fue real y dolorosa para los primeros cristianos.
- Reducir Romanos 11 a una metáfora cualquiera. Pablo es explícito: las ramas naturales (Israel) pueden volver a ser injertadas; los gentiles no debemos jactarnos.
Versículos clave para meditar
- Hechos 10:34-35 — «De cierto entiendo que Dios no hace acepción de personas, sino que de toda nación el que le teme y obra justicia, le es acepto».
- Romanos 1:16 — «No me avergüenzo del evangelio; porque es potencia de Dios para salud a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego».
- Efesios 2:14 — «Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación».
- Gálatas 3:28 — «No hay judío ni griego; no hay siervo ni libre; no hay varón ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús».
- Mateo 28:19 — «Id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».
- Isaías 49:6 — «Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob… también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra».
- Romanos 11:17-18 — «Si algunas de las ramas fueron quebradas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas… no te jactes contra las ramas».